¿Qué sería de nuestros pueblos sin nuestros ganados? ¿Qué serían nuestros pueblos sin nuestros pastores?
Desgraciadamente ya lo sabemos. Existen pueblos abandonados, varios cientos solo en nuestro Pirineo, ni hombres ni rebaños: escombros y abandono. Otros pueblos que ya no tienen rebaños y muchos más registran índices de subpastoreo alarmantes. Caminos y bosques intransitables, vegetación espontánea invadiendo todo el entorno, vegetación que se marchita, muerta, esperando que un rayo, una chispa o una cerilla provoque la tragedia.
En Aragón cada año se queman miles de hectáreas que suponen un desastre económico y biológico de primera magnitud. Recientemente en el año 2009 ardieron más de 20.000 hectáreas llevándose por delante millones de árboles, grandes pérdidas económicas y también vidas humanas. Hoy es la isla de Ibiza, un paraíso turístico internacional de primera magnitud, arden sus entrañas de tierra y pinar, abandonadas de campesinos sin ganado.
Son nuestros rebaños los que pueden poner freno a esta terrible situación. Son ellos, en Aragón más de 4000 patrullas repartidas por todo nuestro territorio, los que tienen que llegar a formar parte del Plan de Prevención de Incendios General, organizado por los gobiernos (donde hoy para este fin ni se nombran). Ahora en mayo y junio, repasando las áreas forestales, limpiando con sus dientes y vientres la vegetación que hay entre los árboles y arbustos, fertilizando el bosque. Cuando un bosque se quema, desaparece su biodiversidad y se resiente la de su entorno, tardando entre 80 y 90 años a recuperarse, perdiéndose esta para varias generaciones.
¿Queremos disfrutar de nuestro entorno? ¿Quién no se maravilla con la naturaleza?
Si queremos seguir disfrutandola no podemos olvidar esta herramienta. Los elementos que integran el rebaño en pastoreo (ganado, hombre, tierra, fauna, flora, etc.) conforman una verdadera unidad funcional que aportan y aseguran muchos de los servicios básicos para el cuidado y la supervivencia de nuestros pueblos y por consiguiente de los que los habitamos.
Estos servicios de cuidado de la naturaleza los realizan nuestros animales pastoreando de una forma magistral. Regulan, estabilizan la evolución de las plantas, les confieren vigor para producir oxígeno y con él combatir la contaminación ambiental, para proteger a la tierra de los elementos como el viento y el agua, para mantener la fauna que convive en nuestros campos, respetando las delicadas redes que se establecen en la naturaleza.
El desequilibrio en estas relaciones ya ha demostrado tener consecuencias negativas importantes.
El ganado favorece la diversidad de los ecosistemas haciéndolos más fuertes para resistir las tensiones medioambientales y también más productivos.
¿Qué nos jugamos en esto? Acaso ¿todo?
También la biodiversidad de la que forman parte nuestros ganados proporciona a los habitantes de nuestra sociedad artículos económicos como:
- Alimentos de primera calidad (lechal, Ternasco de Aragón, etc.).
- Productos para la industria (lana, queso, pieles, etc.)
- Turismo, recreación, cultura, gastronomía, futuro (nuevos desarrollos, nuevos mercados, nuevos productos, etc.) estos elementos tan intangibles y necesarios para que la sociedad avance y las personas sean más felices.
También existe indudablemente, este interés económico de mantener estos rebaños para nuestros usos.
Si a esto unimos el valor que tiene para los ecosistemas de la propia montaña, de los propios valles, del hombre que los cuida, de las aves, ese valor no lo podemos ni siquiera imaginar.
ENRIQUE FANTOVA PUYALTO
Secretario Ejecutivo de la UPRA-Grupo Pastores.















